Semidesnuda

Suelo desnudarme en palabras cuando sé que contigo no puedo. Me gusta hacerlo a tinta, así no retracto cada verdad que en las hojas se asoma. Mira mis tachones, mira mis incoherencias y torpes correcciones, porque solo así verás lo profundo de mi mente; el caos eminente que surge cuando intento transmitirte, en poesía obvia, las guerras celestiales que ocurren en mi cabeza cada que intento comprenderme a mí misma. Porque el desnudo conlleva mucho más que una connotación sexual. Quiero desvestirme frente a ti, quiero exhibirte mi piel muerta y feroz, mi alma brillante y obsoleta. Quiero que te des cuenta por ti mismo que este pedacito que te dejo de mi espíritu, está deteriorado y afanado. No intentes entender mucho más, de nacimiento he sido diagnosticada como esclava de la incongruencia; y teniendo mis pensamientos y sensaciones a flor de piel, con la intensidad consumiéndome, empiezo a disparar al azar, con descontrol y suma honestidad, hasta que cada prenda de mi cuerpo cae al suelo y se quema en mis versos.

¿Lo has visto? Ya queda un poco menos, ya mis hombros han quedado al descubierto.

Me he declarado una rosa en jardinera anhelando ser notada. Ansío la distinción y clamo un salvador que en mi agonía logre rescatarme. Quiero que al entrar a esta oleada de espinas, ignores cada rosa que intente seducirte y llegues a mí. Quiero que me elijas y me descubras a mí. Porque aunque nunca he sido fanática de El Principito, sin duda alguna amé su amada, que con codicia y egoísmo quiso siempre ser la más bella de todas, aún cuando rosas rojas (tal cual ella) habían miles.

¿Puedes ser mi Principito? ¿Puedes reconocerme por los atroces defectos que me definen y aún así escogerme?

Vivo desesperada, es la condena que vivimos muchos cuando nos volvemos tan conscientes de nosotros mismos; y es que mientras más me conozco, más me espanto. Porque la sed de ser entendida es cada vez más grande y, a cada segundo que pasa, me entero de lo incierta que es mi esencia. Y quizá sea por eso; quizá quiero que tú descifres en mí aquello que ni yo misma logro descifrar.

Soy un corazón infantil buscando tu atención. Pero ojalá fuera más niña, ojalá pudiera vivir días despreocupados y tardes de diversión. Pero me recluyo en mis ropas y me tapo más fuerte que nunca; ¿no es acaso terrible que mientras más quiero desnudarme, más termino ocultándome de ti? La razón y yo nunca hemos ido socias.

Un desastre habita en mí, aunque nadie dijo que todo desastre incluye fealdad. Hay tesoros revueltos y oscuridad también. Sumérgete en el cofre que guardo en el pecho y enamórate de todo, de lo oscuro y lo brillante. Porque esta soy yo, este es mi dulce desastre. Enamórate de mi ingenuidad, de mi pesimismo y mis inseguridades. Enamórate de esta sospechosa sonrisa, que aunque modela amplia y ruidosamente, a veces se desgasta y quiere gritar del llanto. Enamórate de mi explosión. Mira como reviento al pensar en mínimos detalles, cuando le busco relevancia a esta vida o cuando me cuestiono, en mi desesperada incertidumbre, qué tan genuina realmente soy. Y ámalo, ámame, porque siento intensa y arbitrariamente y no hay nada más que pueda hacer. Enamórate de este ser errante que ama con locura hoy y mañana aborrece. Que incluso cuando brinca y trota desenfrenadamente se fatiga y sólo quiere descansar, quiere darle pausa a esas energías tontas que le azotan cada que sale de su habitación a enfrentarse con el mundo exterior. Ámame mucho, porque mi desastre no será tan desastre sin un amor que le sostenga. Porque una de las bases que forman mi caótico ser es que, entre el odio y el cansancio, el amor siempre me puede más. Escribiría mucho más, hay mucho más de mí que desconoces y probablemente yo también. Pero quédate con esto, haz logrado ver mi espalda al desnudo y quiero pensar que no intentarás huir de mí.

N/A: Esto lo escribí realmente a papel antes de publicarlo.

no sé

que mi grito de auxilio se escuche en mis letras. que mi agonía y mi dolor se perciba en mis palabras. dime, ser majestuoso que todo lo sabes, ¿en qué momento dejamos de ser aquellos seres tontos e ingenuos, y nos volvimos tan colmados de dudas y dolor? ¿o fui solo yo?

aquella ignorancia que algún día tuve, cuánto la añoro. el poder de abrazar algo absoluto, qué envidia les tengo, a todos los afortunados que lo poseen. y qué horror, vivir del todo a medias, ser tan errante e incapaz, inestable y susceptible.

esa necedad, ¿podrías devolvérmela? déjame gozar de ella, así como gozan todos los necios. quiero embrutecer y, con ello, enajenarme de esta autocondena que algunos intelectuales llaman consciencia.

quiero vaciar mi mente. abandonar mis aprehensivos principios y, quizás, traicionar mi esencia incompleta; porque qué insano es padecerla.

una mente cambiante e indecisa no me hace falta. elimínala de mí y borra todo pensamiento desventajoso e inseguro que más que a veces me domina. y llévate mis reproches, llévate mi discernimiento y esa capacidad de reflexionar que me resta y me punza impetuosamente cada que una decisión, un error o circunstancia se aproxima. ¿podrías hacer eso por mí?

déjame que caiga, lenta y apresuradamente. que me hunda en mis defectos y me ría de ellos como cualquier ignorante lo hiciera. y que al más profundo precipicio vuele, renunciando a todo barrote que en los viejos días me impidió deleitarme de mi rebeldía interna sin remordimiento alguno.

y ahora dime, confesándote conmigo así como yo lo he hecho contigo, considerando este alma terco e irremediable que en escritos te pide socorro: ¿realmente crees que sea capaz de algo así, incluso si me robas esta caótica mente?

ojalá sí, pero no lo sé.